Más que narcotráfico: México y Estados Unidos buscan enfrentar grandes retos en común 

Share

By Julio Guzmán

CIUDAD DE MÉXICO, México — El nuevo acuerdo de seguridad que se traza entre México y Estados Unidos busca un alcance más allá del tema del narcotráfico.

El Entendimiento Bicentenario es el tercer acuerdo de ambos países en los últimos 35 años, y el primero que sostienen en conjunto el mandatario norteamericano Joseph R. Biden y su homólogo mexicano Andrés Manuel López Obrador. Su relación comenzó en medio de desaires y desencuentros en una conexion bilateral que históricamente ha sido compleja.

El nuevo acuerdo busca establecer un marco a largo plazo y sustentar esfuerzos en busca de seguridad, salud y desarrollo para ambas naciones. Reemplaza a la Iniciativa Mérida, que estuvo vigente de 2008 a 2021, y al Proceso de Certificación de las Drogas, de 1986 y 2002.

A diferencia de los acuerdos anteriores, el convenio no se centra exclusivamente en el combate al narcotráfico, un hecho que especialistas en seguridad consideran un parteaguas.

El doctor Fernando Jiménez, investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en temas de Seguridad Nacional, dice que hay alrededor de 30 delitos serios vinculados entre sí, que muchas veces no son priorizados por los gobiernos cuando se centran únicamente en el combate a las drogas.

“El narcotráfico es uno de los tantos negocios criminales. Si enfocas todas las fuerzas y capacidades del Estado en instrumentos solo para reprimir el narcotráfico, tienes todas las demás fuerzas criminales que incluso hacen más daño, [con crímenes] como trata de personas, lavado de dinero o falsificación de documentos, que nutren al mismo tráfico de drogas y se mezclan en la economía subterránea. Eso es lo que pasa en México”, Jiménez dijo a Zenger.

Históricamente, las estrategias han llevado a diversos resultados. George W. Bush (2001–2009) y Barack Obama (2009–2017) compartían la visión estadounidense centrada en la guerra contra el terrorismo. Donald J. Trump (2017–2021) rompía con lo planteado por sus antecesores, porque se peleó con el FBI y las comunidades de inteligencia, dijo el investigador.

El expresidente estadounidense Donald J. Trump habla durante una reunión sobre el narcotráfico en la frontera con México, el 13 de marzo de 2019, en Washington, DC. (Win McNamee/Getty Images)

México abordó la seguridad desde otra perspectiva. Felipe Calderón (2006–2012) se planteó el reto de construir una institución similar al FBI para luchar contra el crimen. Su gobierno también enfrentó una lucha frontal contra los cárteles y sus cabecillas.

Con Enrique Peña Nieto, el escenario cambió. El investigador dice que el gobierno mexicano no contaba con una agenda de seguridad, y hubo una política de contención donde los enfrentamientos entre el Estado y grupos criminales disminuyeron, lo que dio continuidad a los combates entre grupos delictivos.

Biden y López Obrador hoy se enfrentan a nuevos retos en materia de seguridad, en medio de diferentes escenarios.

Francisco Franco, consultor en inteligencia y seguridad de CIS Pensamiento Estratégico, dice que Estados Unidos pasa por una crisis hegemónica, la cual se vio reflejada en el retiro de las tropas de Afganistán, en agosto de 2021. Ahora busca recuperar esta hegemonía a partir de nuevos acuerdos.

Este acuerdo orilla al presidente de México a reformular su estrategia de seguridad, de crear un frente con los gobernadores mexicanos y tener un discurso de paz, para ir contra las organizaciones criminales y sus líderes, dijo el especialista.

“El presidente López Obrador parecía bastante pasivo con el hecho de ir contra las organizaciones criminales. Ahora, va a tener que hacerlo porque hay que combatir a las bandas criminales y retomar esta idea de cosas que son importantes para los norteamericanos”, dijo Franco a Zenger.

El acuerdo también marca el comienzo del diálogo entre ambos gobiernos, el cual se dificultó cuando Obrador tardó en reconocer a Biden como ganador de las elecciones en noviembre de 2020, lo que desató especulaciones sobre la relación bilateral.

Edgar Guerra, doctor en sociología adscrito al programa de política de drogas del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), dice que Luis Videgaray, el canciller en el gobierno de Peña Nieto, había manejado la diplomacia de manera distinta, y que su aproximación tuvo un alto costo político para Peña Nieto cuando invitó a Trump a México. Trump era entonces candidato a la presidencia, y después de la visita, no frenó sus amenazas hacia México y los mexicanos.

Mike Pompeo (izquierda), secretario de Estado bajo la administración de Trump, y Luis Videgaray, secretario de Relaciones Exteriores del gobierno de Peña Nieto (derecha), en octubre de 2018. Durante ese encuentro, las relaciones entre México y Estados Unidos tenían un matiz completamente distinto, según politólogos expertos en el tema. López Obrador tardó en reconocer a Biden como el ganador de las elecciones en noviembre de 2020. Aun así, los asuntos bilaterales a tratar no han cambiado a nivel profundo. (Manuel Velasquez/Getty Images)

Después, con López Obrador en México, el canciller Marcelo Ebrard ayudó a gestionar la comunicación con el gobierno estadounidense cuando Trump lanzó varias amenazas de aumentar aranceles a México si no contenía la migración. Esto hizo que Obrador apostara más a las relaciones con Trump que con Biden.

“Con Videgaray había una cuestión más pragmática. El excanciller jugaba sus cartas para tener una relación muy directa con Trump, para salvaguardar la sobrevivencia del grupo político al que pertenecía. En general no vi una visión de Estado, sino [una perspectiva] muy pragmática”, dijo.

“Con Ebrard hay una visión más de Estado. No solo lo podemos ver a partir de su eficacia en las metas y tareas que se encarga. Se finca mucho en que hay un programa político de una idea de Estado-nación. Hay convicciones, una postura política muy clara”, dijo a Zenger.

Según Guerra, puede haber mayor entendimiento con Biden en temas de seguridad. Trump en su momento calificó a los inmigrantes mexicanos en su país como “bad hombres” [hombres malos] y dijo que los tenía que expulsar.

“Hay más la idea de comenzar esta bilaterialidad, en el sentido real del término de una especie de horizontalidad [marcada por una noción de] corresponsabilidad de los problemas. Hay un reconocimiento [de] que el problema del narcotráfico no es exclusivamente de México, no es de un grupo de … ‘bad hombres’ que lanzan drogas a Estados Unidos con la intención de envenenar a su gente. Aquí hay una visión completamente distinta”, dijo.

En la visita de John Kerry a México el 18 de octubre, para pláticas climáticas entre ambos países, López Obrador le explicó su iniciativa ‘Sembrando vida’, un plan para ayudar a los campesinos para que no quieran emigrar a Estados Unidos y para que siembren de una manera sostenible y amigable para el ambiente.

Pero la nueva reforma energética de López Obrador podría violar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), dice Isidro Morales, fellow externo del Baker Institute Center for Energy Studies de la Universidad de Rice. El tratado dice que las empresas públicas, como las del sector eléctrico y de hidrocarburos, deben mantener prácticas competitivas frente a las privadas. Los productores privados podrían invocar el T-MEC y acusar al gobierno mexicano de menoscabar sus inversiones ya hechas, dice Morales.

Otro de los grandes retos del gobierno mexicano será el combate a la corrupción. Jiménez dice que el fin de la Iniciativa Mérida se equipara con lo ocurrido en Afganistán.

“En ambos casos no se lograron construir las instituciones o condiciones para instaurar la paz. En Afganistán se tuvieron que retirar [las tropas estadounidenses] y automáticamente el Estado mostró sus carencias y fue invadido por los talibanes. La iniciativa Mérida fue lo mismo. No logró construir las instituciones, que era el objetivo. No se dio el tiempo. Hubo altos niveles de corrupción”, dijo.

La pandemia de COVID-19 resaltó la importancia de las relaciones bilaterales. Estados Unidos cerró sus fronteras terrestres con México y Canadá en marzo de 2020. Anunció que las reabrirá el 8 de noviembre, una acción que el gobierno de México subraya como importante por sus implicaciones comerciales, económicas y sociales. Así, no niega la necesidad de trabajar en conjunto.

Las mil 954 millas de frontera, o 3 mil 145 kilómetros, representan otros retos importantes. La cuestión ambiental no está limitada por la línea de demarcación, así como la vida silvestre y los recursos naturales, en especial el agua.

Franco dice que el futuro entre ambos países, con el nuevo acuerdo, puede traer beneficios.

“Hay fe en un acuerdo de esta naturaleza con los faltantes y dificultades que representa. Si ambos gobiernos, sobre todo el mexicano, que suele ver las cosas en el corto plazo, ven una relación entre iguales, ambos van a salir muy beneficiados. Si hay políticas de seguridad de Estado, no de seguridad de gobierno, que cambia cada sexenio, entonces va a pasar lo mismo”, dijo.

Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos



The post Más que narcotráfico: México y Estados Unidos buscan enfrentar grandes retos en común  appeared first on Zenger News.